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Subject: Historias para no dormir

2008-08-28 00:39:21
Pues eso, puede ser un post chorra, pero a ver si alguien cuenta alguna historia os haya asustado o lo que sea para animar un poco! :P

Os pongo una que me pasaron hace poco ;P

Se cuenta que hay una carretera comarcal en Paiporta, cerca de Valencia, dónde ocurren unos sucesos un tanto extraños. Y lo más impactante es que en los ultimos meses mas de 10 personashan muerto allí. Y no se sabe la razón exacta. Nadie se había percatado de esta ciscunstancia ni se le había dado importancia hasta que se ha producido el testimonio del señor Martín. este hombre narra un suceso impactante que ha causado impacto y que ha hecho que se investiguen los hechos.
El Sr. Ruiz vive en un chalet situado en la carretera mencionada. De este hecho deducimos que la conoce a la perfección. Una noche conducía a casa de regreso del trabajo. Iba con mucha precaución ya que en el ambiente reinaba una niebla muy espesa muy poco propia de aquella zona. Nunca había visto una niebla tan densa nunca. Y, de repente, tuvo que dar un frenazo brusco. Se encontró ante un cruce en la carretera, pero un cruce...un camino que no había visto nunca. Él llevaba 10 años viviendo allí, pasando dos o tres veces al día por allí…y nuca había visto ese camino.

Reanudó el trayecto con una sensación de extrañeza enorme, dudaba si realmente había visto un cruce o era sólo su imaginación. Podía haber sido un efecto de la luna en la niebla…pero es que estaba seguro que allí había un camino.
Al día siguiente regresó por el mismo camino, dirección al trabajo, y al pasar por el mismo punto un escalofrío recorrió su cuerpo: no había ningún camino allí. En aquel lugar sólo había un terraplén de 4 metros de altura. En ese momento se dió cuenta que si hubiera cogido el camino habría caído por él y se habría despeñado. Gracias a que conocía el trayecto no lo cogió.

El suceso le había dejado muy confundido y lo comentó a unos amigos suyos al llegar al trabajo. Todos rieron, salvo uno que palideció al instante: Había oído hablar de esa carretera, de la historia de un camino que aparecía subitamente en una noche de niebla densa, pero nunca la creyó. Ahora todo parecía aclararse. Todo era cierto.

Ellos han estado investigando…en esa carretera han muerto más de 10 personas despeñadas…pero lo peor es que no es el único caso en todo el país. Existen muchos accidentes en noches de niebla extrañamente densa …¿será casualidad o será que existen más carreteras fantasmas?



A ver si os animáis! ^^



PD: Y espero no ver el típico comentario:
"Para eso vas a google y lo buscas..."
2008-08-28 00:42:42
Es veridico ¿ ? xDD
2008-08-28 00:43:11
Ostia enviaselo por e-mail Iker Jimenez,en serio q esos se corren con estos casos.


http://www.ikerjimenez.com/portada.htm
(edited)
2008-08-28 00:43:19
Todo es posiblee! :P
jaja nose, me la han pasado! xD
2008-08-28 00:58:34
VERÓNICA

El frío les sorprendió aquella noche y a pesar del fuego que encendieron no conseguían entrar en calor. Añadieron algunos troncos más para templar algo la estancia. Habían imaginado aquel instante en numerosas ocasiones, ya desde los tiempos del instituto, y por fin se había hecho realidad. Según lo acordado, todos traían una historia que contar. Comenzaron los relatos, casi todos con contenidos terroríficos, asesinatos, cementerios..., la tensión iba en aumento.

Por fin le llegó el turno a Isaías. Se levantó, adoptó una expresión seria y comenzó a relatar una leyenda con voz grave mientras se escuchaba el crepitar de la hoguera y los demás atendían sus palabras casi sin mover ni una pestaña:

Sucedió en nuestro instituto hace algunos años. Me la contó el conserje, Félix, ese hombre tan siniestro que sólo su presencia atemoriza. Por cierto, ¿sabéis que dicen que asesinó y despedazó a un alumno? Bueno, esa historia ya os la contaré otro día —Isaías estaba consiguiendo asustar al grupo—.

Ésta le ocurrió a unos chavales hará unos siete años, cuando decidieron jugar a la ouija en el gimnasio. Unieron sus manos sobre el vaso y comenzaron a moverlo... «Espíritu ¿estás ahí?». «Espíritu ¿estás ahí?».

No se sabe muy bien lo que sucedió, pero el vaso se desplazó hasta la casilla del SÍ, alguien gritó y el pánico comenzó a apoderarse del grupo, estaban atemorizados, sólo había una excepción: ¡Verónica! Una chica de cabello rizado y pelirrojo que nunca se tomaba nada en serio. Se levantó entre bromas: «¡Esto no hay quién se lo crea!», se la escuchó decir mientras se dirigía hacia la puerta con la intención de marcharse. El caso es que sin darse cuenta —ninguno supo explicar después cómo sucedió—, tropezó con algún objeto del gimnasio y se precipitó contra la estantería en la que se apilaban las pesas de musculación.

El mueble osciló y varias se estrellaron contra el suelo, con tan mala suerte que una de ellas se empotró en la cabeza de Verónica. La chica quedó paralizada, exánime, hasta que un delgado hilo de sangre comenzó a recorrer su cara. Los ojos, entornados, se le quedaron en blanco y se derrumbó como si tuviera las piernas de barro.

Esa noche cambió la vida de aquellos muchachos; de hecho Félix me contó que varios de los chicos siguen aún en tratamiento psiquiátrico y uno de ellos, Israel, que al parecer llevaba unos meses saliendo con Verónica, ni siquiera ha podido recuperar el habla desde el trágico incidente. En el instituto se rumorea que el espíritu de Verónica sigue vagando por los pasillos, y que si una joven se coloca sola frente a un espejo con una vela encendida y repite tres veces el nombre de la infortunada, puede contemplar su propia muerte a través del cristal.

—¡Tú estás de coña! —exclamó jocosa Elvira.
—¡Esto no hay quien lo crea!... ¿Y dices que sucedió en nuestro
instituto?
—De coña, ¿dices? —contestó Isaías, acaso tocado en su orgullo.
—Pues si verdaderamente estás convencida de que se trata de una mentira, quizá lo podamos comprobar. Yo estoy seguro de que todo lo que he contado sucedió realmente. ¿Qué te parece si alguna de estas tardes, cuando el instituto esté vacío, nos colamos, entras sola en el baño y repites frente al espejo tres veces el nombre de Verónica?
—¡¡Uuuhhhh, qué mieeeedoooo!!! ¡Pues claro que lo haré, no soy una cobarde como tú y los demás! —exclamó con aire de superioridad.
A la semana siguiente el mismo grupito se concentró en la parte trasera del instituto. Casi todos conocían un pequeño recoveco por el que, en alguna ocasión, se colaban en el recinto para fumar o simplemente para esconderse. Con el convencimiento de que nadie les observaba avanzaron, localizaron la ventana que previamente habían dejado entreabierta y, sin muchos esfuerzos, entraron en el edificio ahora vacío. Elvira iba a la cabeza del grupo; del bolsillo trasero de su vaquero sobresalía la vela que pensaba encender. Cuando todos estuvieron dentro, Isaías apoyó la mano en el hombro de Elvira y le susurró:

—Bueno, amiga... ¡Es hora de ser valiente! Te esperamos en el vestíbulo de entrada.

Elvira recorrió el pasillo en penumbra para dirigirse al cuarto de baño. Lo que al principio se planteó como un juego inocente, ahora, mientras caminaba por aquel recinto solitario, le pareció una banalidad a la que no se tenía que haber prestado. Pero a lo hecho, pecho. No podía ya echarse atrás y quedar como una miedosa frente al grupo.

Entró en los servicios, y al pulsar el interruptor descubrió con fastidio que no funcionaba la luz. Sólo se colaba algo de claridad a través de las ventanas.

—¡Mierda, esto ya no me está gustando nada!
Con cierto nerviosismo sacó de su bolsillo la vela y un mechero.
La prendió delante del espejo.
—Verónica...
La primera vez que pronunció el nombre, muy bajito, sintió que tenía la boca seca, con un regusto amargo.
—¡Verónica!
Esta vez intentó pronunciar el nombre con más fuerza:
—¡¡Verónica!!

Súbitamente quedó paralizada frente a la imagen que le devolvía el espejo. Pudo verse a sí misma dentro de un ataúd rodeada de algunos familiares. Lo más terrorífico era que el aspecto que ofrecía era idéntico al actual, al presente. Era ella, y no daba la impresión de que hubiera pasado mucho tiempo.

Aquella visión la dejó helada y de repente todo cambió. Pasó de la incredulidad al miedo en apenas unos segundos. Notó cómo sus piernas dejaron de responderla, le faltaba el aire, se apoyó sobre el lavabo intentando mantenerse en pie. Abrió el grifo del agua para mojarse la cara... ¡Necesitaba reaccionar!:

—¡No puede ser! ¡No puede ser!
Al levantar la cabeza, Elvira quedó aterrorizada. Observó que en el vaho que había cubierto el espejo algo o alguien había escrito una fecha: 27 de abril de 2006.
—Pero... eso es... ¡mañana!...

Presa de un ataque de pánico, el cuerpo de Elvira dejó de responderla; perdió el conocimiento y se desvaneció. El estruendo de la caída alertó a sus amigos, que se precipitaron hacia el baño. Lo que allí descubrieron les sobrecogió: Elvira al caer se había golpeado en la sien con un extremo del lavabo y yacía en el suelo en medio de un charco de sangre. En el espejo aún se podía leer la fecha del día siguiente, justo cuando Elvira... ¡descansaría en su ataúd!
2008-08-28 01:02:04
VESTIDA DESDE EL MÁS ALLÁ

Las cinco amigas habían decidido pasar dos días juntas, un fin de semana diferente. A todas les encantaban las historias de miedo y por eso se habían animado a alquilar aquella casa rural en el centro de un pueblecito medio abandonado. Aquella localidad tuvo gran relevancia en otras épocas lejanas, pues estaba situada en las inmediaciones de un castillo medieval, centro neurálgico de poder en los tiempos de la aristocracia feudal.

Alguien les comentó que aquel viejo caserón destacaba de entre todas las construcciones y que su aspecto se asemejaba más al de un castillo encantado que al de una casa rural. Al parecer, la dueña de la casa era lo más parecido a una ama de llaves de las películas de terror. Estos argumentos les parecieron inmejorables, y el decorado, muy adecuado para vivir un fin de semana terrorífico.
Las cinco amigas quedaron gratamente sorprendidas cuando conocieron la lúgubre vivienda y a su enigmática custodia. Realmente la inquietud se respiraba en cada rincón, y aunque buscaban emociones fuertes, por alguna causa desconocida procuraron no separarse las unas de las otras.

Deshicieron juntas las maletas, iban al baño de dos en dos, cenaron pegadas y también en grupo se sentaron frente a la chimenea encendida para tomar un té y calentarse un poco en aquella noche especialmente gélida. Mientras charlaban animadas se apagaron las luces de la casa. La luz de las llamas proyectaba extrañas y caprichosas formas en las paredes y en el techo...

De repente la puerta chirrió con un sonido penetrante y se abrió de golpe. Seguidamente entró la dueña. Su cara se deformaba por las sombras que salpicaban su rostro causadas por un candelabro oxidado que sujetaba entre sus manos huesudas.

Ninguna de las cinco pudo evitar un grito agónico y entrecortado que les provocó la inesperada aparición.

—¡Por favor, chicas, no os asustéis! —susurró la extraña mujer con la intención de tranquilizarlas—. ¡No ha sido más que un apagón! En este pueblo sucede a menudo. Por cierto... ¿Todo es de vuestro agrado?

Las jóvenes se acurrucaron unas contra otras limitándose a asentir.

—Ya que estáis todas juntas... ¿Qué os parece si os cuento una leyenda? ¿Os gustan las historias de miedo?

Se miraron entre sí, y una actuó de portavoz del grupo:

—No estaría mal. ¿Se sabe alguna?
—¿Alguna? —contestó la dueña dejando escapar una sonrisa irónica—. Claro que sí. Conozco... ¡La Historia! —exclamó enfatizando estas últimas palabras. Una ráfaga de viento avivó el fuego y la sala se iluminó de súbito.

—Os he dicho que se trata de «La Historia» porque transcurrió aquí, en el interior de esta humilde casa. Entre estas paredes vivía una joven de lo más agraciada, lo tenía todo: guapa, alta, de figura delicada... ¡Qué curioso! ¡Tendría más o menos vuestra edad!

En cierta ocasión fue invitada a un baile que celebraba el hijo de una de las familias más pudientes de la zona. Al parecer, el joven se había fijado en la muchacha y tras localizar su dirección decidió mandarle una invitación para la fiesta. ¡Imaginaos qué contenta se puso aquella joven! Sería su oportunidad de conocer un mundo muy diferente al suyo y hasta ¿quién sabe?, tal vez podría enamorar a aquel muchacho y llegar a convertirse en su mujer.

Entre sueño y sueño, la joven se percató enseguida de un detalle: carecía de un vestido apropiado que lucir aquella noche y tampoco tenía dinero para derrocharlo de esa forma. Una de sus amigas, al verla tan triste le dijo: «¿Y por qué en vez de comprar un traje de baile, no lo alquilas? Seguro que es mucho más barato».

La joven se acercó hasta la modista del pueblo y por una cifra razonable consiguió para la fiesta un precioso modelo, digno de una princesa, y que además se ajustaba a su cuerpo como un guante. Estaba realmente guapa y distinguida y fue la sensación de aquella velada. No paró de seguir el compás de la música en toda la noche mientras los pretendientes hacían cola y se la disputaban.

Ella estaba radiante y pensaba que su suerte iba a cambiar. Exhausta por el baile, comenzó a marearse, se acercó hasta una ventana intentando que el aire fresco la reanimara. ¡No funcionó! Cada minuto que transcurría iba encontrándose peor. Reuniendo las escasas fuerzas que le quedaban, regresó a su hogar, o sea, esta casa, y se tumbó en el sofá, justo en ése en el que ahora estáis sentadas.

Una de las amigas dio un respingo instintivamente. Otra se levantó para sentarse en el suelo y poder escuchar la historia, más de cerca sin perderse detalle.

—Como os decía, la muchacha se encontraba realmente mal; su madre, alarmada, le colocó paños fríos en la frente para intentar calmar aquel desasosiego. La chica, entre sudores, no dejaba de gritar que una mujer se le aparecía gritándola:

¡Devuélveme el vestido!, ¡devuélveme el vestido!... ¡Pertenece a los muertos! La madre estaba cada vez más angustiada escuchando a su hija, viendo cómo sus ojos iban perdiendo vida, cómo se consumía lentamente. A las pocas horas la joven falleció ahí mismo, en el sofá.

Con gran consternación y extrañeza, el forense que realizó la autopsia del cadáver descubrió que la muchacha había muerto envenenada ¡con productos de embalsamar! Al parecer, restos del citado líquido depositados en el vestido habrían penetrado a través de los poros de su piel a medida que su cuerpo iba calentándose por el baile.

La policía inició las investigaciones pertinentes y se presentó en la casa de la modista. La dueña se vio obligada a declarar que un enterrador se lo había vendido a su ayudante. Sin duda, debía de haberlo robado del cuerpo sin vida de una joven justo antes de que cerraran definitivamente el féretro.

Inesperadamente retornó la luz a la estancia. Las amigas gritaron de nuevo, lo estaban pasando realmente mal.

—¡Venga, chicas, tranquilas! ¡Que ya llegó la luz! Bueno, espero que os haya gustado la historia —aquella enigmática mujer se levantó y volvió a coger el candelabro—. Y ahora os dejo, ¡mañana tengo que madrugar! ¡Que paséis buena noche!... ¡Ah! Y si veis a una joven con un precioso vestido de fiesta en medio del pasillo...¡no os asustéis!

La dueña salió de la estancia riéndose de su propio sarcasmo y las jóvenes decidieron también irse a dormir... Eso sí, ¡todas juntas en una habitación!
2008-08-28 01:05:46
Hay un fallo en la historia? El señor martin y luego pone ruiz? O es que se llama martin ruiz? :S
2008-08-28 01:14:39
LA CAZADORA

—¡En qué hora se me ocurriría coger la moto!

Roberto se quejaba mientras la lluvia caía sin interrupción sobre el asfalto. Aparcó junto al acceso principal de una discoteca donde, todos los fines de semana se dejaba caer para tomarse algunas copas. Mientras colocaba el candado en la rueda la vio aparecer: una joven de largos cabellos humedecidos, ataviada con un vestido primaveral que apenas si cubría sus formas y que llevaba los brazos cruzados sobre el pecho, como si quisiera retener el poco calor que le quedaba en su cuerpo. Roberto, conmovido por la escena, comprendió que no la podía dejar marchar en aquellas condiciones:

—¡Eh, espera! —gritó. Se quitó su cazadora de cuero para ponérsela a la joven sobre los hombros.
—¡Mírate, estás empapada y congelada! ¡Ven, pasa conmigo, te invito a tomar algo!

La joven accedió y entraron juntos en la discoteca. No se separaron en toda la velada, charlando, bebiendo y divirtiéndose. Roberto se ofreció para acompañar a la muchacha, que dijo llamarse Yolanda, hasta la puerta de su casa.

El amanecer era muy frío, y aunque ya había dejado de llover, el ambiente era húmedo y gélido. Montaron en la motocicleta y ella se aferró fuertemente a su cintura, él notaba sus temblores. Roberto se dirigió en la dirección que la joven le había indicado. Conocía con detalle cada metro de la carretera, se anticipaba a cada curva y en todas le suplicaba que disminuyera la velocidad, tenía mucho miedo a sufrir un accidente. Cuando llegaron, Roberto detuvo la moto junto a la acera. Yolanda bajó a la calzada e hizo el ademán de devolverle la cazadora.

—No te preocupes, ahora no siento frío; si te parece, mañana me paso y la recojo. ¿Cuál es tu piso? ¿Te viene bien a eso de las cinco? —preguntó Roberto.

Yolanda asintió con la cabeza, sin emitir palabra alguna y besó fugazmente sus labios. Inmediatamente desapareció. A la mañana siguiente el joven regresó ilusionado a la casa de su nueva conquista. Una señora de pelo cano abrió la puerta.

—Hola, ¿cómo está? Esto... yo... había quedado con Yolanda para recoger mi cazadora y tomar algo.
La mujer dejó caer el vaso que llevaba en su mano; Roberto se asustó con el ruido de los cristales al estallar en mil pedazos. El rostro de la mujer se demudó:
—Pero... ¿Qué broma es ésta?
—Esto es en serio, señora. Ayer le dejé mi cazadora a Yolanda y quedamos en que vendría a recogerla hoy.

La señora se puso muy nerviosa y pidió a Roberto que describiera a la joven. A medida que escuchaba las explicaciones su expresión se fue tornando aciaga, amarga, y entonces estalló en un llanto desconsolado. Cuando pudo recuperar el aliento alcanzó a decir:
—Justo así era Yolanda, mi hija, pero ella... ¡murió hace cinco años! Un día de mucha lluvia, mientras conducía hacia la discoteca su moto derrapó, su cuerpo quedó destrozado en una curva...
¡Fue horrible! En el cementerio, aquí muy cerca, hay una foto de mi hija incrustada en la lápida. Es la única que conservo. Acompáñame si no me crees.
Fueron ambos hasta el cementerio, a cinco minutos escasos de la vivienda. Roberto, aún escéptico, seguía a aquella mujer que le precedía deslizando sus pies trabajosamente por el peso de la tristeza.

A Roberto le faltó poco para quedarse allí clavado, convertido en una piedra más. Tal como le advirtió la madre de Yolanda, la fotografía, aunque desfigurada por el paso del tiempo, mostraba la imagen de Yolanda tal y como la conoció aquella noche. No podía ser de otra. La joven le sonreía desde la lápida con complicidad. Fue en ese preciso momento cuando Roberto se quedó paralizado. Su cazadora se encontraba apoyada sobre la tumba. No había duda...

Era la misma que le había prestado a Yolanda la noche anterior.
2008-08-28 01:27:08
Ya teneis unas cuantas historietas para no dormir xD
2008-08-28 01:30:16
Message deleted

2008-08-28 02:05:16
dicen que si le respondes 3 veces seguidas a un post de kakk kaka a las 12 de la noche se te aparece en tu pantalla el momento en el que dejas de jugar a sokker y abandonas tu equipo
2008-08-28 02:32:25
xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
2008-08-28 02:34:15
A mi me paso pero con los sk-mails :S
2008-08-28 02:35:08
juas!!
2008-08-28 03:54:28
+1
2008-08-28 11:12:09
puede ser un post chorra,

Después de leer unos relatos tan malos, debo darte la razón.